Así funciona el seguro de vida tradicional
11/05/2017

Así funciona el seguro de vida tradicional

Más de la mitad de los españoles cuenta con un seguro de vida. Esto hace que anualmente se aporten más de 25.000 millones de euros a seguros individuales (23.700 millones) y seguros de empresa (2.700 millones) de este ramo, según los datos que recoge el Libro Blanco del Seguro publicado por Asociación Empresarial del Seguro (Unespa).

Esta misma fuente cifra en 170.000 millones el ahorro acumulado en seguros de vida y ha calculado que, en los últimos 5 años, el 15% de los fallecimientos en España (71.000 familias) han recibido una indemnización.

Sin embargo, pese a que estas cifras evidencian una amplia presencia del seguro de vida tradicional en la sociedad, su funcionamiento y el alcance de sus prestaciones no es tan conocido, quizá porque su contratación en determinados casos viene impuesta como condición para acceder a determinados productos financieros (hipotecas, créditos…) y no se le presta la atención precisa.

 

Qué es y cómo funciona un seguro de vida

La Ley de Contrato de Seguro enuncia que mediante el seguro de vida “el asegurador se obliga, mediante el cobro de la prima estipulada y dentro de los límites establecidos en la Ley y en el contrato, a satisfacer al beneficiario un capital, una renta u otras prestaciones convenidas, en el caso de muerte o bien de supervivencia del asegurado, o de ambos eventos conjuntamente”. 

En la práctica, un seguro de vida tradicional –también conocido como vida riesgo- se traduce en que el tomador aporta una prima para que en caso de fallecimiento, invalidez o enfermedad grave los beneficiarios reciban la cantidad de dinero estipulada en un pago único o como una renta periódica.

La cantidad que se quiera percibir será determinante para calcular la prima que el tomador debe pagar. Ya hemos comentado en alguna ocasión la recomendación generalizada de contratar un capital entre 3 y 5 veces los ingresos anuales del asegurado. Pero, además del capital contratado, para el cálculo de la prima se tienen en cuenta otra serie de factores como la edad del asegurado, la profesión, cualquier otra actividad de riesgo que realice y, por supuesto, las coberturas que incluya la póliza.

Por ejemplo, la prima de una póliza de seguro de vida con un capital de 100.000 euros en caso de fallecimiento o invalidez para una persona de 30 años que se dedique a labores comerciales puede rondar los 120 euros al año. Las mismas condicionales para un conductor de una furgoneta o un albañil elevarían la prima hasta los 140 euros y 180 euros, respectivamente. En el caso de un tomador de 40 años que trabaje como gerente de una empresa y elija un capital de 300.000 euros, la prima puede situarse alrededor de los 450 euros al año.

Al margen de las circunstancias personales, es importante tener en cuenta las coberturas y servicios porque en los últimos años los seguros de vida han aumentado considerablemente estos apartados. Ya no solo ofrecen una prestación económica en caso de fallecimiento, invalidez o enfermedad grave, sino que abren la puerta a la contratación de una serie de servicios y beneficios añadidos que han dado lugar a distintas modalidades de contratación.

Por ejemplo, es posible aumentar las coberturas para el fallecimiento o invalidez por accidente, tanto de circulación como en otros ámbitos. También, algunas compañías suelen ofrecer la posibilidad de contratar la opción de acceder a una segunda opinión médica en caso de una enfermedad grave o a un servicio de orientación sanitaria durante las 24 horas. Tampoco es difícil encontrar pólizas que se hagan cargo de los gastos de sepelio o que brinden la posibilidad de acceder a un servicio de testamento notarial online.

 

Para mí o para otra persona

La Ley del Seguro a la que ya hemos hecho referencia permite estipular un seguro sobre la vida de un tercero, bien sea para una única persona o para varias. En este caso, también es posible extender la cobertura tanto al fallecimiento como a la invalidez permanente o la enfermedad grave.

Ahora bien, en los seguros para caso de muerte se establece que si el tomador y el asegurado son distintos, se ha de contar con el consentimiento de este último por escrito salvo que puede “presumirse de otra forma su interés por la existencia del seguro”.

Por otro lado, la normativa no permite contratar un seguro para caso de muerte para menores de 14 años de edad o incapacitados. Solo hay una excepción a esta prohibición: que en los contratos de seguro la cobertura de muerte sea inferior o igual a la prima satisfecha o el valor de rescate.

 

Beneficiarios

En cuanto a los beneficiarios de una póliza, podrán fijarse en el momento de su firma o en una posterior declaración escrita y remitida a la compañía aseguradora. Igualmente, pueden ser revocados en cualquier momento. En el supuesto caso de que ante un fallecimiento no se hubiese indicado el beneficiario, el capital pasará a formar parte del patrimonio del tomador.

Si por el contrario existiesen varios beneficiarios, la prestación se distribuirá en partes iguales, al no ser que se haya estipulado de otra forma.

Si así se ha establecido o no hay beneficiarios, la distribución se realizará atendiendo a la proporción de la cuota de la herencia, si bien el capital no forma parte de la masa hereditaria y se entrega íntegro a los beneficiarios en caso de haberse establecido estos. A ellos corresponderá declararlo en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones con las pertinentes reducciones por parentesco que les pudieran corresponder.

Como hemos visto, el funcionamiento básico de los seguros de vida tradicionales es sencillo: se realiza una aportación dineraria a cambio de percibir una capital o renta periódica para los beneficiarios en caso de fallecimiento o al propio asegurado en caso de invalidez permanente o enfermedad grave. Su principal valor reside en que aportan tranquilidad económica ante situaciones especialmente difíciles. 

 

 

Seguros cuenca - Allianz Fondo Vida

 

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